14 enero 2010

Mc, 1, 40-45

Jesús toca y sana al leproso y dice: Quiero y queda purificado...

«Jesús extendió la mano y lo tocó»

¡Oh divina vida!, nunca matas si no es para dar vida, así como nunca llagas si no es para sanar. Llagásteme para sanarme, ¡Oh divina mano!, y mataste en mi lo que me tenía muerta sin la vida de Dios, en que ahora me veo vivir. Y esto hiciste tú con la liberalidad de tu general gracia para conmigo en el toque con que me tocaste del resplandor de tu gloria y figura de tu sustancia (Hb1,3), que es tu Unigénito Hijo; en el cual, siendo el tu Sabiduría, tocas fuertemente desde un fin hasta otro fin por su limpieza (Sab 7,24). San Juan de la Cruz.

Pd: al hablar de ser consecuente hay que dar la cara o no? sin miedo y enfrentar la verdad...

Bendiciones...